Cómo acertar cuando haces un regalo

Hacer un regalo da luz sobre algunos de nuestros rasgos humanos más importantes: cómo vemos a los demás, cómo asignamos valor a las cosas, cuáles son nuestras habilidades para tomar decisiones… Los seres humanos somos una especie extraordinariamente social, siendo una de nuestras características la capacidad de crear y mantener relaciones con los demás. Y regalar es una gran oportunidad para reforzar esas relaciones.

Cualquiera que sea la ocasión, la entrega de presentes es un rito social que requiere una cuidadosa reflexión y consideración. Aunque no hay reglas, si se pueden establecer dos sencillos consejos que nos ayudarán a mejorar la forma en que agasajamos.

Piensa cómo es la persona que va a recibir el regalo

Antes de hacer un obsequio debemos pensar en la persona a la que estamos obsequiando. A veces nos atascamos especulando sobre lo que ella querría, o en lo que desearíamos nosotros que tuviera. Pero debemos considerar lo que sería más significativo para esa persona. Si te preocupas por alguien lo suficiente como para hacerle un regalo, debes considerar lo que esa persona preferiría, aunque no concuerde con tus gustos.

Gasta en los demás más que en ti

Invertir en las personas que apreciamos promueve nuestra felicidad. Los agradables sentimientos que se experimentan al regalar a menudo pueden ser más duraderos que gastar dinero en nosotros. Y, si bien es importante cuidarse uno mismo, ser generosos con quienes nos rodean aporta grandes beneficios. Además, debemos recordar que la mayoría de las personas no quieren tanto un regalo caro, como que se piense en ellas, y esto puede hacerse de muchas y sencillas maneras.

Alegrar y agradecer

Si te preguntas cuál es la mejor manera de hacer un gran regalo, no debes olvidar que el propósito esencial de regalar es alegrar o agradecer. Deja al lado los regalos funcionales si el receptor no los va a recibir con agrado.

Regala experiencias en lugar de objetos

Los objetos envejecen mientras que ver en concierto a nuestro artista favorito o pasar una tarde con una amiga tomando infusiones con pastel casero forjará recuerdos que durarán para siempre. Las experiencias a menudo crean memorias más vívidas que los objetos. Es posible que recordemos el libro que un ser querido nos compró, pero no tanto como un momento especial con esa persona. Esto es debido a que el apego emocional a los recuerdos es mayor que a un objeto físico.

Los regalos no deberían ser una obligación ni una competición

Los obsequios no se dan para recibir otros a cambio, ni deberían rivalizar en cantidad o coste. Solo deben corresponder a una celebración genuina de la otra persona. A menudo nos obsesionamos con las etiquetas de los precios, pero no siempre se requiere un presente caro o comprado para acertar. Frecuentemente, algo pequeño y significativo es mucho más importante que un obsequio grande y llamativo que no tiene significado para quien lo recibe.

No hay nada malo en pedir una lista de deseos

Si no se te ocurre qué comprarle a alguien que cada año recibe un obsequio tuyo (sobrinos, suegros, etc.), no hay nada malo en pedirle que redacte una lista de deseos. Esto es muy práctico, especialmente cuando se trata de personas con las que no se tiene contacto directo a menudo, o con niños de determinadas edades. Además, la lista asegura que vas a acertar. Sin embargo, si el presente es para alguien a quien deberíamos conocer bien (pareja, buena amiga, etc.), considera prestar más atención a las cosas de las que habla en lugar de requerir una lista.

Regalar es un lenguaje de amor

Como hemos visto, hay que regalar cuidadosamente de la mejor manera posible, recordando honrar quiénes son y qué les gusta. Regalar es un arte que demuestra al otro que lo queremos, y nos preocupamos por su bienestar. No se trata entonces de entregar el artículo más caro que podamos pagar. Un obsequio sencillo y meditado puede ser más significativo que uno costoso o elegido al azar.
Cómo decimos, se puede regalar sin gastar mucho dinero, o incluso sin comprar cosas, confeccionando los obsequios con nuestras manos. Antes de comprar de forma impulsiva es importante hacerse estas 4 preguntas:

1 ¿Quién es el destinatario?: ¿un buen amigo? ¿un familiar? ¿una nueva amiga? La proximidad familiar y emocional probablemente determinará si el regalo debe ser muy personal. Es decir, no es necesario regalar una sesión de spa a una nueva amiga, incluso si realmente necesita relajarse. Comienza con un pack bienestar en el que guardar tus infusiones.

2 ¿En qué valores se basa vuestro vínculo y cómo puede un obsequio reflejar esos valores?: algunas relaciones intercambian amor compartido por la música, o tardes dedicadas a hacer. Otras son por la proximidad o el azar, pero no obstante profundas. La entrega de obsequios puede ensalzar, tanto de manera obvia como sutil, las razones que os conectan y lo lejos que ha llegado vuestra unión.

3 ¿Qué tipo de generosidad te ha mostrado esa persona en el pasado?: la correspondencia, que no la obligación, es apropiada y puede ayudar a delimitar tu búsqueda.

4 ¿Hay algo que la persona pueda apreciar más que un objeto físico? una comida casera, o una invitación a una taza de Bondades de Sudáfrica podría hacer más por vuestro vínculo que cualquier objeto atado con un lazo. Aunque no hay precio obvio para este tipo de gestos, el esfuerzo los hace muy valiosos.

Regalar está basado en un lenguaje de amor. Nunca hay un momento particularmente apropiado para hacerlo. Por supuesto, muchos eventos han establecido prácticas de entrega de regalos, como cumpleaños, bodas… Pero sea cual sea la ocasión, es importante transmitir igualmente tu afecto por el destinatario. ¿Qué regalo vas a hacer?