10 tips para acabar con el hambre emocional

10 tips para acabar con el hambre emocional

Somos el único animal que come sin hambre. Es lo que se conoce como ‘ingesta de comida no fisiológica’ y una de las causas que están detrás del incremento del sobrepeso y la obesidad. Hablamos, por lo tanto, de la alimentación por emociones, ¿qué es el hambre emocional y cómo podemos evitar comer sin necesidad?

El hambre fisiológica vs hambre emocional

Lo normal sería tener un solo tipo de hambre, que sería el hambre fisiológica, en la que el cuerpo nos pide comer por necesidad nutricional porque no tiene suficiente “gasolina”.

Sin embargo, podemos reconocer otros tipos de hambre que no tienen que ver con esta necesidad real de energía. Se trata de hambres “emocionales”, llamadas así por su estrecha relación con nuestras emociones, sensaciones o pensamientos que nos empujan a crear una necesidad psicológica.

Actualmente la comida no se entiende solo como fuente de energía. La comida es una fuente de placer, y está muy ligada a la cultura, a los actos sociales… Su componente emocional es elevado y esto es lo que hace que se disparen estas necesidades que buscan reconfortarnos en ciertos momentos. ¿Por qué buscamos reconfortarnos con la comida? En primer lugar, porque no estamos preparados para gestionar correctamente nuestras emociones y el cuerpo busca una manera de contentarnos a través de algo que nos da placer. Por otro lado, la comida es accesible y es un placer económicamente asequible para la gran mayoría de las personas. Además, estamos rodeados de comida y es difícil no caer en la tentación. Los olores, los colores, las formas… están en todos los escaparates, dispuestos a darnos ese momento de placer que necesitamos.

Pero ¿es posible acabar con el hambre emocional?

No es imposible pero tampoco es fácil. Pero si sigues estos 10 consejos que te proponemos, te será mucho más fácil controlar estas ingestas:

1.      Analízate ¿realmente tienes hambre?

Es importante aprender a reconocer la señal de hambre fisiológica. Este tipo de hambre es gradual, es decir, va apareciendo poco a poco, y para calmarlo, aceptaremos cualquier tipo de alimento. Sin embargo, el hambre emocional suele demandar alimentos que en otras ocasiones nos han reportado placer.

2. Espera unos minutos

Para aprender a diferenciar qué hambre tenemos es recomendable esperar unos minutos. Si el hambre se incrementa con el tiempo es probable que estemos ante el hambre fisiológico. Pero, si esta hambre se calma es hambre emocional. Si estás en este punto, sigue leyendo, ¡vamos a acabar con él!

3. No confundas hambre con sed

A veces confundimos el hambre con la sed. Un buen consejo es que, en el momento en que hemos detectado que tenemos esta hambre repentina, bebamos agua o alguna infusión porque la rehidratación puede ser clave.

4. Tu alimentación es equilibrada

Si te reconoces como comedor emocional, una de las primeras cosas que puedes hacer es revisar tu alimentación. ¿Es equilibrada? Una alimentación saludable y equilibrada nos garantiza todos los nutrientes necesarios, incluso los que ayudan a nuestro bienestar mental.

5. Mindful eating

El mindful eating, o comer con atención, se refiere a comer con todos nuestros sentidos puestos en lo que estamos haciendo, con calma y sin juzgarnos. Sólo debemos atender a ese acto: observar el plato, masticar tranquilos, apreciando los sabores, las texturas… ¡céntrate en tu comida!

6. Detecta tus necesidades

Para detectar tus necesidades, es necesario escucharte. Escucha cuando sientas emociones, permítete sentirlas, reflexiona por qué aparece esa emoción, y qué necesidad hay detrás de esa emoción. Si descubres tus necesidades, puedes darte lo que necesitas y no acabar recurriendo a la comida para reconfortarte. Descubre las claves para ser feliz, para estar en consonancia con tus necesidades.

7. No comas solo por hambre emocional

Para lograr este punto, hay que tener muy claro la diferencia entre el hambre real y el hambre emocional. Una vez detectada la señal de hambre real, no comas por comer, no comas porque es la hora, no comas porque esté de oferta… Come solo si tienes hambre.

8. Practica la relajación o meditación

Darles espacio a las emociones, sin juzgarlas, es una buena válvula de escape. Este punto, igual que el comer atentos, es un punto que permite reconectarnos con nosotros mismos, conocernos, y conocer las señales de nuestro cuerpo para guiarnos hacia una ingesta controlada.

9. Cambia tu rutina, cambia tu hambre emocional

Si has detectado cuando tienes hambre emocional ¡cambia de rutina! Cambia el camino para volver a casa, o modifica tu rutina al llegar: date una ducha, o déjate preparada una merienda más saludable a la vista, ¡facilítale al cerebro un cambio de hábitos!

10. Date placeres

El hambre emocional responde, entre otras cosas, a la necesidad de desconectar, de obtener un placer. No esperes a que sea la comida la que te de este capricho: date placeres. Puedes darte un baño, salir a pasear, sentarte a ver un jardín, conversar con amigas…

¿Una propuesta? Estos momentos son ideales para hidratarnos a la vez que nos relajamos. ¿Qué te parece tomarte una infusión Japón de Susarón mientras estás dándote un baño? O mientras lees un capítulo de ese libro que tienes en la mesita de noche… Japón de Susarón es un complemento alimenticio a base de plantas naturales, con propiedades antioxidantes y sedantes que contribuyen al buen equilibrio del sistema nervioso. Un sistema nervioso en equilibrio nos permite tomar decisiones más calmadas, ¡qué fácil y deliciosa manera de acabar con el hambre emocional!

Escuchar al cuerpo es una manera sabia de entender nuestras necesidades para poder decidir qué es lo que más nos conviene. ¡Escucha a tus emociones!